Hoy me he levantado con la trágica noticia del fallecimiento del gran Andrés Montes.
Era el clásico comentarista que no dejaba indiferente a nadie. El motivo, bien claro: tenía estilo propio. Y que un periodista tenga estilo propio, significa que ha sabido destacar sobre los demás. Gustará o no, pero no es fácil tener un sello propio, y que la gente te reconozca nada más empezar a hablar.
Sus famosas expresiones marcaron una nueva forma de retransmitir acontecimientos deportivos. Quedarán en nuestra memoria su “Tiki taca“, su “Salinas, ¿dónde están las llaves?” y sobre todo, la frase que más repetía, y que sirva hoy de epitafio: “La vida puede ser maravillosa“.
Gracias por todo, Andrés. Gracias por haber creado una forma diferente de comunicar. Gracias por haber sabido transmitir el deporte con tanta pasión e ilusión. Gracias por no haber sido uno más y haber sabido ser diferente. Hasta siempre.
Debo reconocer que es la primera vez que un anuncio de este tipo me parece interesante. Creo que la campaña está muy bien planteada, pues nos muestra las consecuencias de haber seguido una terapia para solucionar el problema de la eyaculación precoz.
Todo es alegría y felicidad. Tanto las imágenes, la música elegida, como el tono de la voz en off, crean una atmósfera de optimismo, que dan ganas de someterte al tratamiento aunque no tengas el problema.
Campaña anónima
Pero hay un detalle importante que se les ha escapado. La campaña se asocia perfectamente al tema que se quiere anunciar, pues nada más verlo ya sabemos de qué nos van a hablar, pero personalmente soy incapaz de reconocer al anunciante o emisor. Parece una campaña de propósito general. El anuncio puede movilizar a la gente, pero no precisamente hacia su servicio, sino hacia cualquiera otro que ofrezca soluciones al problema. Vamos, que le han hecho la campaña al sector. Esto lo puedes hacer si estás muy bien posicionado en el mercado; si no, no.
Es muy frecuente este tipo de errores en las campañas de publicidad: crear un buen anuncio, pero no crear el vínculo con la marca.
Sólo al final del anuncio aparece una dirección de internet, www.laeyaculacionprecoz.es, un teléfono que es imposible recordar, pues se muestra en pantalla durante 1 segundo junto al resto de información de contacto, y luego el nombre de la empresa que está detrás de la campaña, Janssen-Cilag, nombre por cierto difícil de memorizar. Demasiada información en tan poco tiempo.
A quién va dirigida
Otro de los problemas de veo, es que la campaña va dirigida a la pareja, al tratarse de un problema que afecta a las dos partes. Pero desde mi punto de vista creo que eso es un error, porque da el papel de prescriptora a la mujer, cuando creo que el prescriptor debe ser sin duda el hombre, que es el que tiene que decidir si se someterse o no al tratamiento. El que la mujer se inmiscuya en la decisión, puede echar atrás a más de uno. Aunque es un problema de pareja, creo que es una decisión que debe tomar el hombre.
La incómoda naturalidad de la campaña
Por último resaltar un pequeno detalle. Se trata de la naturalidad con la que se muestra el problema. El anuncio se emite a cualquier hora, y las parejas están tan felices, que a los niños, cuando la ven (porque es fácil que la vean), les entra una sana curiosidad por saber qué es eso de la eyaculación precoz que tan felices nos hace. Y a ver cómo se lo explicas.
No recuerdo con exactitud el tiempo que lleva activa esta campaña del Metro de Madrid, pero no menos de 10 meses.
El anuncio en sí no merece mayor comentario, pues aparte de penoso, es soporífero. Es oír lo del “Martín se ha adelantado“, y ya me pongo malo…
Pero al verlo tantas veces, me ha hecho reflexionar sobre ciertos aspectos interesantes de las campañas de publicidad. Algo es algo. Os cuento.
La duración de una campaña de publicidad
No hay una regla escrita (al menos que yo sepa) sobre cuánto debe durar una campaña de publicidad. Pero lo que sí sé es que un anuncio para televisión basado en una historia sorprendente (pues aunque ya no nos sorprenda, el primer día sí lo fue), no debiera durar más de 4 semanas. ¿Por qué? Porque la gracia de estas campañas es el factor sorpresa, y creo que después de 10 meses, ese factor está más que diluido.
A partir del primer mes, el anuncio cansa, aburre, y crea una actitud negativa hacia la marca. Y más aún si el anuncio se emite con tanta frecuencia como este.
La frecuencia en las emisiones
Hay quien piensa que por repetir un mensaje publicitario muchas veces, vas a comunicar mejor. Craso error. Creo que es más efectivo un buen anuncio emitido pocas veces, con el boca a boca actuando como altavoz, que un mal anuncio repetido hasta la saciedad.
No estoy de acuerdo con que el objetivo de una campaña de publicidad sea dar a conocer un producto o servicio, sino que para mí, el objetivo primordial es crear una actitud positiva hacia la marca. Sólo así, si algún día tengo que decantarme por comprar o contratar el producto o servicio, esta opción estará en mi abanico de posibilidades.
Publicidad Institucional
Otro de los aspectos que me ha hecho reflexionar, es sobre el tema de la publicidad de las Instituciones. Y es que no hay que olvidar que esta campaña la estamos pagando los madrileños, y una campaña de semajante duración y frecuencia no creo que sea barata (seguro que hay cifras oficiales publicadas por ahí, aunque prefiero no saberlas).
Es como si no se midiese el impacto de la campaña. Es como si emitiesen la campaña “por poner algo”. Es como si tuviesen ya asignada una partida para promocionar el Metro de Madrid, y para qué hacer cosas nuevas, si ya tenemos esta… Si fuera una empresa privada, creo que hace tiempo que la hubieran retirado por ineficaz.
Además, ¿tiene sentido promocionar algo que TODOS ya conocemos? Pues sinceramente creo que sí, pero no de esta manera. Creo que con la publicidad institucional se pueden hacer experimientos y cosas interesantes, pero teniendo muy claro el objetivo final. Y en esta campaña, el objetivo, a mi juicio, no se ha definido con claridad. ¿Cuál debiera haber sido el objetivo? ¿Cómo debiera haberse orientado la campaña?
Orientación de la campaña
Últimamente están muy de moda las campañas que venden productos a través de la sensibilidad y los valores. Se trata de mostrar el lado más humano de las personas, para obtener la empatía del público hacia la marca. Y en muchas ocasiones, es muy eficaz.
Pero para anunciar el Metro de Madrid, eso no vale. Tendría sentido una campaña así, si hubiera varias compañías de Metro en Madrid, y uno tuviera que decantarse por una u otra. ¿Por cuál me decantaría? Pues ahí sí podrían influir esos valores.
Pero “Metro de Madrid” sólo hay uno. Su competencia es el vehículo privado. Y lo que hay que comunicar, a mi juicio, es la comodidad de usar el metro frente a ese vehículo. Así de simple. Tendría que ser una campaña dirigida exclusivamente a ese conductor de vehículos privados, en donde se le explique claramente las ventajas de usar el metro frente a su coche.
Un ejemplo sería mostrar una secuencia con datos reales lo que tarda un vehículo privado en llegar de Plaza de Castilla a Atocha en plena hora punta, y comparado con el tiempo de hacerlo en Metro. Pongamos 37 minutos frente a 12. ¿No sería más efectiva así la comunicación? Un ahorro de 25 minutos que uno puede invertir en su tiempo libre. Y además, se podría mostrar el gasto comparativo que supone en combustible, en aparcamiento, en estrés… etc. Esto haría reflexionar a más de uno.
Algo parecido a esto se hizo hace tiempo con aquella campaña del “Metro de Madrid, vuela“, en donde se mostraba la comodidad y rapidez del metro frente a la vorágine del tráfico. Esa era la línea. ¿Por qué no se siguió así?
Pero una campaña en la que se cuenta una historia irreal, (porque todo el que haya viajado alguna vez en metro sabe que nada de lo que ahí se cuenta es real), crea una especie de desconfianza hacia el producto. Es como si me quisieran estar engañando. Es como si nos tomaran por idiotas. Es como si pensaran que somos ovejas de rebaño. Por favor, téngannos un poco de consideración e inviertan nuestro dinero con eficacia. Dejen tranquilo a Martín.
Hay un anuncio que he visto recientemente, y que me produce una especial repugancia.
Se trata de un anuncio de Colacao, emitido en horario infantil, en donde aparece un chico de unos 15 años hablando con una chica a través de una webcam.
En la conversación, el chico le dice a la chica algo así como “me encantan tus… ¡¡Trancas!!“, pues ese momento aparecen detrás de ella las famosas hormigas de El Hormiguero, Trancas y Barrancas. Y es que ahora, Colacao debe ser que regala estos simpáticos personajes si compras no sé qué. Bonita manera de publicitarlo.
Las connotaciones sexuales son evidentes. El mensaje subliminal es descarado, y esta es la aportación de Colacao a los valores de la juventud. Lamentable.
¿Dónde están los creativos de Colacao de antaño, que hicieron de esta marca un gran referente?
Creo que no se puede caer más bajo, y desde aquí, desde mi humilde blog, solicito a los responsables de esta campaña sexista, que la retiren inmediatamente, pues no sólo no hace un flaco favor a la juventud, sino que además, es perjudicial para Vds., pues a mucha gente le crea el efecto contrario del que persiguen… Imagínense qué producto de cacao no voy a comprar en mi próxima compra.
No he encontrado el video en youtube, por lo que no puedo enlazarlo para que lo vea el que no lo haya visto, aunque casi es mejor no verlo.
———
Actualizado 8-nov-2009: os adjunto el video el anuncio:
…pero pocos recordaréis qué es lo que anuncia exactamente, y muchos menos, el nombre comercial del producto en sí.
¿De qué sirve una buena campaña, si el nombre del producto es tan malo? ¿De qué sirve una buena campaña, si no se consigue asociarla al producto? Pues de muy poco…
T 38-40 Lipoplan, que así se llama lo que anuncia, jamás estará en el “Top of Mind“ (primera marca que recuerdas cuando te preguntan por un determinado tipo) de su publico objetivo. Y digo jamás, porque no tiene ningún ingrediente para que así sea.
Es una pena haber desperdiciado así una buena campaña, pues el anuncio tiene su gracia, y es de los que a uno se le queda y comenta en su círculo de amigos.
Antes de haber lanzado la campaña, tendrían que haber buscado un nombre más sencillo y fácil de recordar, pues cuando alguien vaya a comprarlo, y no se acuerde del nombre, sencillamente comprará otro. Lo del T 38-40, imagino que se refiere a la talla deseada por las mujeres, pero cuesta asociarlo de primeras. El logo (una etiqueta con un código de barras y el texto T 38-40), tampoco ayuda, pues apenas se recuerda en el spot.
Además, ni siquiera Google reconoce la marca. Si buscas “LipoPlan“, él mismo te sugiere “Litoplan“… Algo no funciona con este nombre.
Comentarios recientes