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Miki Nadal: el humorista sin gracia

Comienzo hoy una serie de artículos sobre personajes públicos de los medios de comunicación. Espero que mis comentarios sean tratados como críticas constructivas, pues así se pretende, ya que al fin y al cabo es la impresión de un usuario cualquiera, sin ningún interés particular.

Hoy voy a hablar de Miki Nadal. Sí, ese personaje con aspecto desaliñado que aparece siempre que uno hace zapping en la tele.

Miki Nadal, mañico él, comenzó sus andaduras como humorista en el año 1997, en el programa de Pepe NavarroLa sonrisa del Pelícano“. Después vino “El informal“, “Splunge“, “Los Irrepetibles“… hasta el actual “Sé lo que hicisteis…“. En el camino, otros programas, imagino importantes para él, irrelevantes para mí.

Con toda sinceridad, creo que es el humorista más sobrevalorado del panorama nacional de los últimos años. En cambio, y paradójicamente, los programas en los que ha participado, por regla general (salvo clamorosas excepciones) me gustan bastante o me han parecido interesantes. Creo que es una persona que sabe rodearse de buenos profesionales que le arropan y elevan donde no merece. Me estoy refiriendo a los Florentino Fernández, Patricia Conde, Ángel Martín…

Reconozco que jamás he esbozado media sonrisa con él, pues su falta de naturalidad y continua sobreactuación, hace que no consiga transmitirme la menor emoción. El hecho de que sus personajes siempre sean una especie de seres depravados y que recurra siempre al chiste sexual fácil para hacer reír, me provoca aún mayor lástima. Y lo más triste es que a la hora que emite, suele haber niños viendo su programa, y “aprendiendo” sus frasecitas y chistecillos. Hace poco escuché a un niño de unos 7 años diciendo aquello del “Ay omá, qué rica!“.

Como parte positiva, te diré que tienes pinta de ejercer ciertas dotes de liderazgo en los equipos con los que trabajas, y probablemente eso sea el secreto del éxito de los programas en los que participas. Creas sinergia en tus equipos, pero el problema es que tú no la aprovechas. Por eso creo que tu problema tiene solución. Es cuestión de no caer en la zafiedad y la chabacanería, cosa posible, pues no puedes haber tenido mejores compañeros de viaje, y a la fuerza, algo se te ha tenido que pegar en todo este tiempo.

Si algún día llegaras a leer este artículo (con Google, todo es posible), espero que sepas leer la parte positiva de mis palabras.



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