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Tienes derecho a internet… pagando lo de siempre

Hace un tiempo que la compañía Orange se presenta a la sociedad como el adalid del derecho de los ciudadanos a acceder a Internet.

Buena estrategia de comunicación. Ahora bien, su mensaje se desploma al comprobar las condiciones de contratación.

La primera vez que vi el anuncio, pensé que por fin alguien iba a sacar una tarifa asequible de acceso a internet, y por ello me alegré. Imaginaba un acceso básico a internet, de tarifa plana, por unos 5 o 10€ como mucho. Pero no, al ver las condiciones de la oferta, me encuentro con esto:

… pensé: ¿y esto es tener derecho? ¿¿34,95€ al mes?? Si además le sumas el iva, se queda en algo más de 40€.

Lo siento, pero me siento un poco estafado con esta campaña. La expectativa que ofrece el primer mensaje (tienes derecho a internet), no está a la altura de lo realmente ofrecido. Además, ¿en qué se diferencia de otros operadores como Ono o Jazztel? En poca cosa…

Los mensajes que ofrecen estas compañías para captar clientes, desde mi punto de vista, deberían cambiar radicalmente. Es un mercado saturado, y prácticamente sin ideas nuevas. Todos ofrecen prácticamente lo mismo, y todos con algo en común: ofrecen tarifas muy poco claras. Mucha oferta los primeros meses, pero luego, estocada en el hoyo de las agujas. ¿Para cuando una compañía que nos ofrezca algo diferente? ¿Para cuando una compañía que de verdad nos ofrezca la posibilidad de ejercer nuestro derecho de acceso a internet a un precio razonable?

La línea marcada por Orange creo que era muy buena, pues se nos hace cómplice de ese sentimiento general de abuso al que estamos sometidos. Y una vez que nos ha enganchado con el mensaje, es decir, una vez que ha conseguido lo más difícil, pues va y lo estropea todo, ofreciendo lo de siempre. Qué manera de desperdiciar una buena idea.

Interesante campaña anónima

Últimamente he visto este anuncio en televisión:

Debo reconocer que es la primera vez que un anuncio de este tipo me parece interesante. Creo que la campaña está muy bien planteada, pues nos muestra las consecuencias de haber seguido una terapia para solucionar el problema de la eyaculación precoz.

Todo es alegría y felicidad. Tanto las imágenes, la música elegida, como el tono de la voz en off, crean una atmósfera de optimismo, que dan ganas de someterte al tratamiento aunque no tengas el problema.

Campaña anónima

Pero hay un detalle importante que se les ha escapado. La campaña se asocia perfectamente al tema que se quiere anunciar, pues nada más verlo ya sabemos de qué nos van a hablar, pero personalmente soy incapaz de reconocer al anunciante o emisor. Parece una campaña de propósito general. El anuncio puede movilizar a la gente, pero no precisamente hacia su servicio, sino hacia cualquiera otro que ofrezca soluciones al problema. Vamos, que le han hecho la campaña al sector. Esto lo puedes hacer si estás muy bien posicionado en el mercado; si no, no.

Es muy frecuente este tipo de errores en las campañas de publicidad: crear un buen anuncio, pero no crear el vínculo con la marca.

Sólo al final del anuncio aparece una dirección de internet, www.laeyaculacionprecoz.es, un teléfono que es imposible recordar, pues se muestra en pantalla durante 1 segundo junto al resto de información de contacto, y luego el nombre de la empresa que está detrás de la campaña, Janssen-Cilag, nombre por cierto difícil de memorizar. Demasiada información en tan poco tiempo.

A quién va dirigida

Otro de los problemas de veo, es que la campaña va dirigida a la pareja, al tratarse de un problema que afecta a las dos partes. Pero desde mi punto de vista creo que eso es un error, porque da el papel de prescriptora a la mujer, cuando creo que el prescriptor debe ser sin duda el hombre, que es el que tiene que decidir si se someterse o no al tratamiento. El que la mujer se inmiscuya en la decisión, puede echar atrás a más de uno. Aunque es un problema de pareja, creo que es una decisión que debe tomar el hombre.

La incómoda naturalidad de la campaña

Por último resaltar un pequeno detalle. Se trata de la naturalidad con la que se muestra el problema. El anuncio se emite a cualquier hora, y las parejas están tan felices, que a los niños, cuando la ven (porque es fácil que la vean), les entra una sana curiosidad por saber qué es eso de la eyaculación precoz que tan felices nos hace. Y a ver cómo se lo explicas.

Metro de Madrid. Y Martín hizo la mili

No recuerdo con exactitud el tiempo que lleva activa esta campaña del Metro de Madrid, pero no menos de 10 meses.

El anuncio en sí no merece mayor comentario, pues aparte de penoso, es soporífero. Es oír lo del “Martín se ha adelantado“, y ya me pongo malo…

Pero al verlo tantas veces, me ha hecho reflexionar sobre ciertos aspectos interesantes de las campañas de publicidad. Algo es algo. Os cuento.

La duración de una campaña de publicidad

No hay una regla escrita (al menos que yo sepa) sobre cuánto debe durar una campaña de publicidad. Pero lo que sí sé es que un anuncio para televisión basado en una historia sorprendente (pues aunque ya no nos sorprenda, el primer día sí lo fue), no debiera durar más de 4 semanas. ¿Por qué? Porque la gracia de estas campañas es el factor sorpresa, y creo que después de 10 meses, ese factor está más que diluido.

A partir del primer mes, el anuncio cansa, aburre, y crea una actitud negativa hacia la marca. Y más aún si el anuncio se emite con tanta frecuencia como este.

La frecuencia en las emisiones

Hay quien piensa que por repetir un mensaje publicitario muchas veces, vas a comunicar mejor. Craso error. Creo que es más efectivo un buen anuncio emitido pocas veces, con el boca a boca actuando como altavoz, que un mal anuncio repetido hasta la saciedad.

No estoy de acuerdo con que el objetivo de una campaña de publicidad sea dar a conocer un producto o servicio, sino que para mí, el objetivo primordial es crear una actitud positiva hacia la marca. Sólo así, si algún día tengo que decantarme por comprar o contratar el producto o servicio, esta opción estará en mi abanico de posibilidades.

Publicidad Institucional

Otro de los aspectos que me ha hecho reflexionar, es sobre el tema de la publicidad de las Instituciones. Y es que no hay que olvidar que esta campaña la estamos pagando los madrileños, y una campaña de semajante duración y frecuencia no creo que sea barata (seguro que hay cifras oficiales publicadas por ahí, aunque prefiero no saberlas).

Es como si no se midiese el impacto de la campaña. Es como si emitiesen la campaña “por poner algo”. Es como si tuviesen ya asignada una partida para promocionar el Metro de Madrid, y para qué hacer cosas nuevas, si ya tenemos esta… Si fuera una empresa privada, creo que hace tiempo que la hubieran retirado por ineficaz.

Además, ¿tiene sentido promocionar algo que TODOS ya conocemos? Pues sinceramente creo que sí, pero no de esta manera. Creo que con la publicidad institucional se pueden hacer experimientos y cosas interesantes, pero teniendo muy claro el objetivo final. Y en esta campaña, el objetivo, a mi juicio, no se ha definido con claridad. ¿Cuál debiera haber sido el objetivo? ¿Cómo debiera haberse orientado la campaña?

Orientación de la campaña

Últimamente están muy de moda las campañas que venden productos a través de la sensibilidad y los valores. Se trata de mostrar el lado más humano de las personas, para obtener la empatía del público hacia la marca. Y en muchas ocasiones, es muy eficaz.

Pero para anunciar el Metro de Madrid, eso no vale. Tendría sentido una campaña así, si hubiera varias compañías de Metro en Madrid, y uno tuviera que decantarse por una u otra. ¿Por cuál me decantaría? Pues ahí sí podrían influir esos valores.

Pero “Metro de Madrid” sólo hay uno. Su competencia es el vehículo privado. Y lo que hay que comunicar, a mi juicio, es la comodidad de usar el metro frente a ese vehículo. Así de simple. Tendría que ser una campaña dirigida exclusivamente a ese conductor de vehículos privados, en donde se le explique claramente las ventajas de usar el metro frente a su coche.

Un ejemplo sería mostrar una secuencia con datos reales lo que tarda un vehículo privado en llegar de Plaza de Castilla a Atocha en plena hora punta, y comparado con el tiempo de hacerlo en Metro. Pongamos 37 minutos frente a 12. ¿No sería más efectiva así la comunicación? Un ahorro de 25 minutos que uno puede invertir en su tiempo libre. Y además, se podría mostrar el gasto comparativo que supone en combustible, en aparcamiento, en estrés… etc. Esto haría reflexionar a más de uno.

Algo parecido a esto se hizo hace tiempo con aquella campaña del “Metro de Madrid, vuela“, en donde se mostraba la comodidad y rapidez del metro frente a la vorágine del tráfico. Esa era la línea. ¿Por qué no se siguió así?

Pero una campaña en la que se cuenta una historia irreal, (porque todo el que haya viajado alguna vez en metro sabe que nada de lo que ahí se cuenta es real), crea una especie de desconfianza hacia el producto. Es como si me quisieran estar engañando. Es como si nos tomaran por idiotas. Es como si pensaran que somos ovejas de rebaño. Por favor, téngannos un poco de consideración e inviertan nuestro dinero con eficacia. Dejen tranquilo a Martín.

Madrid 2016: la gestión del fracaso

La campaña de comunicación de la candidatura de 2016 ha sido prácticamente perfecta. Todos los elementos han cumplido perfectamente su papel: desde el maravilloso logo (lástima que no pueda reutilizarse otra vez), la idea de la “corazonada“, los videos promocionales… todo. Incluso la presentación que se realizó el día de la elección final, muy emotiva, rozó la perfección; debemos felicitarnos todos por ello.

Pero hay un detalle importante que se nos ha escapado. Teníamos todo previsto, excepto una cosa: perder. Y así ha sido. Y la reacción al perder, ha sido absolutamente lamentable. Las pataletas de unos acusando al COI de estar comprados, y de otros de haber sido engañados por Jacques Rogge, lo único que han hecho es dar una imagen bochornosa del país. No sabemos perder.

No han sabido gestionar el fracaso. Qué importante hubiera sido una consigna conjunta ante un hipotético fracaso. Si perdemos, pues todos a felicitar a Río, y a callar. Qué simple. ¿Por qué? Por una sencilla razón: si presentamos la candidatura de Madrid 2020, la reacción que hemos tenido nos va a pesar como una losa.

El ciclo de vida de la campaña no acababa en el sí o en el no. Acababa en la aceptación sin paliativos del resultado. Además, el mensaje de tolerancia que ha vendido la candidatura durante tantos meses, pierde toda su credibilidad al mostrar nuestra intolerancia al no. Y precisamente en unos Juegos, en donde las derrotas deben asumirse con elegante deportividad.

Haber sabido gestionar el fracaso era haber sabido poner la primera piedra ante ese eventual Madrid 2020. Ahora, si nos volvemos a presentar, cimentaremos sobre lodo, pues los mismos miembros del COI a los que hemos acusado de estafarnos, son los que tendrán que volver a votarnos dentro de 4 años. Y estas cosas no se olvidan.

Qué grave error. Qué falta de previsión. Qué lástima.

La censura en Internet: la mejor campaña de publicidad

El reciente episodio de la famosa fotografía de las hijas de Zapatero con Obama, me hace reflexionar sobre lo inmune que es Internet a la censura.

Internet es, sobre todo y ante todo, libertad; y la censura es todo lo contrario a la libertad. La reacción de Internet frente la censura es atacarla como si de un virus que está invadiendo un organismo se tratase. Y la mejor forma que tiene de atacarla es censurando la censura. Y es ahí cuando empieza a crecer el monstruo, que ya no hay quien lo pare.

La censura da morbo; crea además un estado de curiosidad en la especie humana muy difícil de controlar.  En plena globalización, tratar de censurar algo es como tratar de atrapar al viento, pues encontramos en internet la manera de vengarnos de un ataque a nuestra libertad.

Pero hoy quería hablar del tema desde otro punto de vista: el marketing. Se trata de mostrar la censura como la mejor campaña de publicidad posible.

¿A alguien se le ocurre una mejor manera de promocionar una revista que siendo víctima de una censura? Lo que le sucedió a la revista El Jueves con su portada del 18 de julio de 2007, en la que aparecía una caricatura de los Príncipes de Asturias manteniendo relaciones sexuales para acceder a los 2.500€ por hijo que acababa de anunciar el gobierno, es el mejor ejemplo.

Probablemente esa caricatura hubiera pasado desapercibida sino fuera porque un juez decidió secuestrarla. Pero el virus de la censura hizo reaccionar a la red, y consiguió el efecto contrario. ¿Quién no ha visto esa portada alguna vez? El Jueves supo rentabilizar la situación. ¿Cuánto hubiera costado una campaña publicitaria para obtener resultados semejantes? A El Jueves “sólo” le costó 6.000€, que es la multa que tuvo que pagar por injurias.

Seguro que más de alguna agencia habrá visto en la censura una fuente de inspiración para hacer esa campaña imposible y soñada. Seguro que pronto veremos alguna campaña basada en esta idea.

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